Alejandro Marcos en Valdilecha en un desplante dentro de la copa Chenel 2026
Fotografía: Javier Pérez

Alejandro Marcos en Valdilecha: oreja y muy buenas sensaciones

La actuación de Alejandro Marcos en Valdilecha dejó el poso del toreo caro en una tarde de la Copa Chenel marcada por los contrastes ganaderos. El diestro salmantino cortó una oreja a un toro de Buenavista y firmó, con rotundidad y empaque, los pasajes de mayor calidad artística del festejo madrileño, donde Jorge Isiegas también tocó pelo a base de entrega.

El sorteo deparó en primer lugar un animal de Sao Torcato que enseñó complicaciones desde que pisó el ruedo. Su embestida brusca y un viaje excesivamente corto imposibilitaron el lucimiento de capa. El astado anduvo suelto, desentendido en los primeros tercios y llegó a la muleta justo de fuerzas, defendiéndose y soltando la cara en los engaños.

Ante este panorama, la única receta válida era el temple. Alejandro Marcos le consintió los defectos, empapándolo en la franela para extraer muletazos de buen aire. Se mostró muy resuelto frente a unas dificultades que fueron a más a medida que avanzaba la faena. El salmantino estuvo muy por encima de la condición de su oponente, manteniéndose fiel a un concepto clásico que dejó patente en todo momento. Un mal uso de los aceros le cerró cualquier opción de pasear un trofeo que se había ganado a pulso por vía del oficio.

El cuarto de la tarde llevó el hierro de Buenavista. Fuerte de hechuras y con el son de la repetición de salida, permitió a Marcos estirarse y dejar un ramillete de verónicas preñadas de gusto y cadencia. Llevó al toro al caballo galleando por chicuelinas con muchísima gracia, metiendo al tendido en la obra desde los primeros lances.

Tras brindar al respetable, la faena de muleta se cimentó en el entendimiento de las condiciones del animal. El toro de Buenavista tenía buen fondo, aunque acusó el trasteo y tendió a venirse abajo en los compases finales. En lugar de forzar la máquina, el torero optó por torear siempre por debajo, encajado y sin una sola brusquedad. Hubo momentos de altísima nota con la mano izquierda. La obra fue a más, rematada con un final rotundo. La espada, una vez más, le privó de desorejar al animal por partida doble, pero la petición fue unánime y paseó una oreja de enorme mérito.

Jorge Isiegas cimentó su tarde en una voluntad inquebrantable. Puntuó en el coso madrileño a base de tesón en una actuación donde, si bien dijo poco en lo estrictamente artístico frente al concepto del salmantino, demostró una actitud intachable que el público supo recompensar.

Por su parte, Fabio Jiménez dejó constancia de su buen corte, destapando pasajes de calidad al natural frente a su lote. Sin embargo, fueron apuntes sin continuidad que no terminaron de armar faena. Su labor quedó emborronada por el uso de la espada en sus dos turnos, perdiendo cualquier posibilidad de premio tangible.

Plaza de toros de Valdilecha (Madrid). Festejo enmarcado en la Copa Chenel. Tres toros de Sao Torcato (1º, 2º y 3º), ásperos y deslucidos; y tres toros de Buenavista (4º, 5º y 6º), de distinto juego, destacando el buen fondo del cuarto.

Alejandro Marcos (lila y oro): ovación con saludos tras aviso y oreja. Jorge Isiegas (verde botella y oro): vuelta al ruedo tras fuerte petición y oreja. Fabio Jiménez (azul marino y oro): silencio tras aviso y silencio tras aviso.

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